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5. Misioneros


El obrero mecánico francés Eugenio Eyraud se presentó en Valparaíso en el convento de la Congregación de los Sagrados Corazones en 1862, donde ya había permanecido una primera etapa como novicio postulante, faltándole varios meses para completar el periodo probacional. Se necesitaba evangelizar Isla de Pascua. El joven novicio sintió una profunda inquietud por iniciar su vida misionera en la Isla, lo cual resultaba imposible según las reglas de la Congregación dada su probación inconclusa. Sin embargo, el Superior Provincial Reverendo Padre Pacomio Olivier, contra todo pronóstico, accedió a la petición. En 1863 Eyraud se dirigió a Tahiti y al cabo de varios meses obtuvo del Provicario de Papeete, que la goleta “Suerte” al mando del capitán Byrnes, lo llevara a Rapa Nui junto con 6 pascuenses repatriados, entre ellos Manu Rangi, el ariki poki (niño rey). El 2 de enero de 1864 avistaron las costas pascuenses de Anakena, desembarcando el día siguiente. Después de unos días amargos, pasando no pocas tribulaciones, comenzó su obra evangelizadora.

Llevaba nueve meses en la Isla, lleno de privaciones y casi muerto de inanición, cuando providencialmente arribó la goleta chilena “Teresa Ramos”, fletada por el Padre Provincial de Valparaíso, trayendo a bordo al Padre Bernabé Castán y al hermano Hugo Delpech. La goleta ancló a mediodía del 11 de octubre del mismo año 1864. Torometi, un nativo que había sido durante la permanencia del Hermano Eyraud su “azote” atormentador, lo llevó en sus hombros hasta la embarcación. Una vez a bordo, lo vistieron y dieron de comer, partiendo la goleta hacia las 4 horas de la tarde de ese mismo día con rumbo a la capital porteña, a donde arribó el 30 del citado mes. Al año siguiente hizo los votos perpetuos, tomando el hábito como Hermano Coadjutor de la Congregación de los Sagrados Corazones.

El 23 de marzo de 1866, día de Jueves Santo, arribó a Isla de Pascua a bordo de la goleta “Favorita”, al mando del capitán Chávez, llevando a bordo al Padre Hipólito Roussel, el Hermano Eugenio y tres hombres de Mangareva. Durante dos meses tuvieron que poner a prueba toda su paciencia dada la hostilidad mostrada por los isleños. Construyeron una capilla definitiva en Hanga Roa y el 6 de noviembre del mismo año 1866 arribó el navío “Tampico” al mando del capitán francés Dutrou Bornier, trayendo a bordo al Padre Gaspar Zumbohm y al Hermano Teodulo Escolán, con un cargamento valorado en 4.500 francos.

En 1868 se construyó una segunda capilla en el sector de Tarakiu y el 11 de abril, día de Sábado Santo, y el 14 de agosto, víspera de la Asunción, hubo masivas congregaciones de nativos desde las 6 de la mañana hasta las 2 de la tarde para recibir el bautismo, de modo que, salvo unos siete habitantes que no asistieron por fuerza mayor y que recibieron el sacramento más tarde, todos los isleños fueron bautizados.

La catequización en sí se había basado en la práctica común de atraer a los pascuenses a la misión por medio de obsequios y por la curiosidad que producía la introducción de objetos, tecnología y animales nunca vistos por los isleños, que los llenaban de admiración y asombro, como caballos, reses, asnos, ovejas, cabras, cerdos, conejos, perros, gatos, patos y palomas. Asimismo, vegetales como repollos, tomates, zapallos, papas; arvejas, maíz, porotos y el tabaco cuyo uso pronto es adoptado por la mayoría de la población. Los beneficios entregados por los misioneros hace ver a los nativos que estando de parte de ellos podrían usufructuar de estos productos, lo que acelera y refuerza la conversión.

El situar las capillas en estos lugares produjo cambios en los patrones de residencia de los isleños, alterando también las relaciones entre las distintas tribus y los linajes que, al ser concentrados, se reforzaba la idea de pérdida de las costumbres ancestrales. Algunos grupos de áreas alejadas se resistieron al cristianismo permaneciendo en sus territorios, pero los misioneros, apoyados por algunos convertidos de todas las tribus, armados, los redujeron y forzosamente los concentraron en ambas Misiones. Los que aún se resistieron fueron algunos Jefes, dado que el convertirse les obligaba al desprendimiento de sus poderes, quedando sometidos a la voluntad de los misioneros, como también a prohibiciones como el de no transitar semi desnudos, a tatuarse, entre otras, por lo que se repartieron ropas y se trató de “civilizar” a la gente. Pero esta resistencia no duró mucho dado que los disidentes sintieron la presión y el miedo del inminente ataque de los invasores.

Desde la llegada de los misioneros, el contacto marítimo con la Isla disminuyó considerablemente, en relación a los años anteriores y a excepción de las goletas de abastecimiento, sólo recalan algunos buques de guerra ingleses y la corbeta chilena O’Higgins, la cual visitó la Isla en 1870. Este fue el primer buque chileno en visitarla, a solicitud del Gobierno de Chile con la intención de realizar un reconocimiento detallado de la misma.